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Biografía de León PDF Imprimir E-Mail
Escrito por signando.com   
martes, 23 de octubre de 2007

Catedral de León 

Hoy, coincidiendo con nuestro primeros 100 dias en línea, comenzamos una nueva sección en Signando.com, los Reportajes.  Donde contaremos nuestras experiencias pasadas, presentes y futuras. Además, publicaremos biografías escritas por Personas Sordas, que desde nuestro punto de vista son claros ejemplos de superación y por lo tanto modelos a seguir.

 

Sin más, os dejo con la biografía de una gran mujer que conocimos en León, espero que os guste.

 

"    Me presento, soy una chica de la provincia de León. Nací en una pequeña ciudad situada en el suroeste de dicha provincia. Actualmente tengo 29 años y soy sorda profunda (poslocutiva) debido a una enfermedad rara (NF2), que me diagnosticaron cuando tenía 17 años y que a día de hoy todavía no tiene solución.

 

     En mi ciudad natal, estudié los 8 años que abarcaban la E.G.B. y  después  4 años de Formación Profesional, y digo 4 y no 5 porque cuando estaba en  segundo de F.P. comencé a tener problemas de audición que en lugar de solucionarse y desaparecer, se acrecentaron. (...)

 

    

Poco a poco a causa de unos neurinomas que me nacieron en los nervios auditivos, consecuencia de la enfermedad, fui perdiendo poco a poco la audición y cuando sólo me faltaba un año para terminar, me quedé sorda total y  terminar se convirtió en un sueño. Y no porque no quisiera si no porque en aquella época, una persona con un grado de perdida auditiva del 100%, ¿estudiar? Se veía como algo raro. No había adaptaciones de ningún tipo, la figura del intérprete si existía , allí no se conocía y peor aún, yo no conocía nada acerca de la lengua de signos,  sólo me sonaba de cuando jugaba los domingos en el pueblo con las amigas, imitando las noticias del telediario que emitían antaño por las tardes cuando llegábamos a casa del colegio.

 

     La NF, hizo que todos mis planes de futuro se hicieran añicos. Aún así yo quería estudiar, llegar a la universidad era mi sueño, truncado, pero lo era.

   

    Comencé a vivir entre dos mundos, uno en el que podía hablar y expresarme sin ningún tipo de dificultad pero en el que no entendía cuando alguien me hablaba. Y otro, totalmente desconocido para mí y en el que, aún siendo sorda no encajaba porque no conocía el lenguaje de signos. Aquí no y ahí tampoco.

            
     Todavía tenía una puerta abierta al futuro, -¿por qué no probar?- no iba a perder nada y  podía ganar mucho.

 

     Así empecé a asistir en León capital a curso básico de iniciación a la lengua de signos española. Me hacía ilusión, me di cuenta de que no todas las puertas se habían cerrado y quizás hay estaba la oportunidad para conseguir mis metas.  Pero mis compañeros eran todos oyentes, no se respetaba la norma fundamental para el curso “prohibido hablar”. No entendía nada así que, a los 2 meses lo deje. Me habían hablado de un centro de  Salamanca y aunque al principio no me llamó mucho la idea, con el tiempo, fue mi salvación porque levantarse todos los días para no hacer nada ... no era vida.  Entonces fue cuando empecé a plantearme el irme a estudiar a Salamanca.  Y así fue porque  allí me planté.

 

     Por suerte, en la residencia donde vivía me tocó una compañera de habitación sorda. Ese fue mi primer contacto con un sordo y la experiencia fue de lo más positiva.  Comencé entonces a acudir una logopeda, Sole, ella me trajo la luz de nuevo y nunca podré agradecerle todo su apoyo, primero ayudándome con la lectura labial y luego con la lengua de signos que poco a poco y gracias al contacto con otras personas sordas y el apoyo incondicional de Sole, pude comenzar en el Centro Cultural de Sordos de Salamanca el nivel intermedio de la lengua de signos.   Pero no sólo comencé a estudiar lengua de signos, si no que también al mismo tiempo estudiaba  Informática de Gestión y  preparaba por matrícula libre los exámenes del último curso de F.P. Terminé los dos primeros pero no superé el inglés comercial del examen del ministerio, acceder a la universidad, resultó imposible.


    Entonces me fui a Madrid.  Una vez allí, busqué una asociación donde pudiese estudiar el nivel superior de la lengua de signos y vaya si lo encontré.  Pero necesitaba ocupar el tiempo libre así que por las mañanas estudiaba aplicaciones informáticas en un centro homólogo al de Salamanca y por las tardes acudía dos días a la clase de lengua de signos y así paso el tiempo y terminé, con la satisfacción de conseguir un certificado de aprovechamiento en la lengua de signos.  Yo digo que “quién algo quiere, algo le cuesta”,  y como me decía un amigo madrileño, las cosas buenas para conseguirlas hay que trabajarlas.

 

    No me podía quejar, pude terminar Informática de Gestión, aprobar los exámenes del Ministerio y conseguir el título de F.P. II, realizar todos los niveles de comunicación de la lengua de signos española, hacer el módulo de aplicaciones informáticas. Quería estudiar más y dicen que “el saber no ocupa lugar” y desde luego que lo creo.

           
    Me apunté a un curso de contabilidad a medio día y luego por las tardes a otro de trabajo en red, aún así me quedaba la mañana libre pero fue por poco tiempo porque el gestor de empleo, (Juan Carlos) me brindó la oportunidad de hacer prácticas como administrativo en un centro de formación ocupacional del ayuntamiento de Madrid y claro, las acepté. No tenía experiencia laboral y por algún lado había que empezar. Así ya fui ocupando las horas del día. Como broche, por las tardes, comencé a ir a clases a la autoescuela porque hoy en día con los tiempos que corren tener permiso de conducir está a la orden del día.  Y bueno no me quejo, aprobé a la primera los exámenes, pero mis profesores eran unos profesionales en toda regla.

 

    Con muchas ganas y fuerza de voluntad conseguí alcanzar todos los objetivos que me iba proponiendo,  llegaba la hora de empezar en el mundo laboral. Era  mujer y discapacitada pero eso no truncó mis planes. No resultó fácil pero al final me llegó la ansiada oportunidad de demostrar que aun siendo sorda, podía trabajar igual que los demás.  Pero ahí estaban esas barreras de comunicación, insalvables, que poco a poco van ahogando y aunque tenía un  trabajo que adoraba y en una empresa de prestigio, está vez acabé tirando la toalla.

 

    Volví a mi tierra natal para buscar trabajo cerca de mi familia pero esta vez no lo conseguí, así que me planteé el seguir estudiando.  Fue ahí cuando pensé en formarme como profesora de lengua de signos, era un campo en el que no iba a encontrarme con barreras de comunicación y por probar no perdía nada.

 

    Vuelta a Madrid para asistir al curso de formación, lo empecé con muchas ganas, pero a medida que iba transcurriendo el mismo, esas fueron desapareciendo.  Y el resultado “NO APTO”. Un chasco que no me gusto, por supuesto, porque cuando se lucha por algo y encima se pone todo el empeño (yo lo puse), esperas conseguirlo, pero esta vez yo no lo conseguí. Ahí, llegué a la conclusión de que a veces, también es necesario, como dicen los oyentes, tener la cara bonita.

 

    Volví a León, en busca de trabajo, una utopía por lo que me puse a estudiar “nóminas y seguridad social” en una academia, pero antes de terminar, la suerte llamó a mi puerta y conseguí un trabajo dentro del movimiento asociativo de las personas sordas, mi mundo, donde  las barreras de comunicación, no existen. Y ahí sigo, hasta cuando  ¿?.

 

    Permitidme citaros una frase de Charles Dickens, pensad en ella y ponedla en práctica, porque sólo teniendo ilusiones es posible ser feliz.

 

"El hombre nunca sabe de lo que es capaz, hasta que lo intenta."

 

 
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